Miércoles, 01 Marzo 2017 13:49

Una muerte cada 30 horas

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Un tremendo caso que conmocionó Paraná terminó con la vida de Romina Miriam Ibarra (policía) y Lidia Milessi (docente). Un tremendo caso que conmocionó Paraná terminó con la vida de Romina Miriam Ibarra (policía) y Lidia Milessi (docente).

Cada treinta horas, en Argentina, dentro de un hogar la violencia llega a ser extrema y como consecuencia muere una mujer porque un hombre decide quitarle la vida.

 

 

Hay un dicho popular que dice “hay amores que matan”. Nada más alejado de la realidad porque un amor no puede matar. Quienes matan son personas que arbitrariamente, sin ningún derecho, sin ninguna consideración, nos arrebatan una amiga, una hermana, una madre o una vecina.

 

En los últimos meses, lamentablemente, nos enteramos de casos tan resonantes como fueron el doble asesinato en Paraná por parte del prefecto Orlando Ojeda que, con su arma reglamentaria, le disparó hiriéndolas de muerte a sus ex parejas Romina Miriam Ibarra (policía) y Lidia Milessi (docente). Dos días después, en Concepción del Uruguay, Juan Pablo Ledesma mató a su ex pareja Johanna Carranza, a su concubino Carlos Vicente Peralta, y a las dos hijas que tenían en común con la mujer: Luciana y Candela Ledesma. Y dos días más tarde, se halló el cuerpo de Jésica Paola Do Santo  en la zona de Bajada Grande en la capital entrerriana.

 

NUMEROS. Los datos revelan que en Entre Ríos sólo durante 2016 hubo 21 femicidios. Los cuales son parte de más de 240 femicidios a nivel nacional, en ese mismo año.

En el Diccionario Académico de la Real Academia Española, se considera que el feminicidio es el asesinato de una mujer cometido por un hombre por razón solo y exclusivamente por su sexo, como una forma extrema de violencia machista. En relación, nace desde la década de los 90 e impulsado desde las ciencias sociales el concepto de femicidio que busca visibilizar los homicidios de mujeres por el hecho de ser mujer. Es preciso entender que hablar de femicidio es nombrar las desigualdades estructurales que existe entre los hombres y las mujeres; como también hace referencia a una violencia extrema.

A  su vez existen los denominados femicidios vinculados que se dan cuando el asesino, además de matar a su víctima directa, ataca a una parte de su entorno afectivo o cuando el agresor para causarle daño a su víctima, asesina a algún ser querido.

Estos hechos, generalmente, según demuestran las estadísticas, se dan luego de un tiempo de violencia (insultos verbales, violaciones, agresiones físicas, etcétera). La violencia no es algo individual, natural, algo que pasa dentro del hogar y nadie se tiene que enterar. Es importante que para que el Estado tome cartas en el asunto se debe realizar la denuncia en la comisaría más cercana o en las delegaciones correspondientes.

 

CONSIDERACIONES LEGALES. En Marzo de 2009 fue sancionada la Ley 26. 485 para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres. Donde se considera a la violencia hacia las mujeres como: toda conducta, acción u omisión que de manera directa o indirecta, tanto en el ámbito público como en el privado, basada en una relación desigual de poder, afecte su vida, libertad, dignidad, integridad física, psicológica, sexual, económica o patrimonial, así como también su seguridad personal.

La Justicia Argentina a partir de diciembre del 2012, cambia la figura legal de quien comete el acto. La pena que hasta ese año era de 8 a 25 años de cárcel pasa a ser perpetua.  En la Ley 26.791 se considera un agravante si es la pareja de la mujer, convivan o no, el causante del acto y se produce dentro de un contexto de violencia de género que puede ser sexual, física, psicológica, entre otras.

 

EL LUGAR DE LA MUJER. Celia Amorós en el texto “Espacio público, espacio privado y definiciones ideológicas de lo masculino y femenino” en su libro Mujer. Participación, cultura política y Estado, hace una diferenciación interesante.  Para la autora lo valorado socialmente está en el espacio público y se lo adjudican los varones. Y todo lo valorado está en el espacio público por ser el del reconocimiento, de lo que se ve, de lo que está expuesto a la mirada pública.

Por el contrario, las actividades que “no se ven” no son valoradas socialmente y se encuentran dentro del espacio privado y se lo adjudica a las mujeres.

Aclara que hay que temer cuando dentro del discurso liberal aparece la palabra “privado” relacionado con lo femenino. Porque lo privado es una forma adicional de plenitud precisamente para quien hace de eso su plataforma emocional de realización personal en el ámbito en que verdaderamente emerge, que es el del reconocimiento, el espacio público. Pero no puede tener este mismo sentido de plenitud para quien es el lugar de límite y del confinamiento: por tanto no se puede, desde lo ideológico, considerar que a la mujer se le está dando “la mejor parte”.

Constantemente las mujeres buscan ser reconocidas, más allá del lugar en el que “se encuentran ubicadas”.  Un reconocimiento que se presenta dentro de un mundo de desigualdades en cuanto a ingresos económicos, tareas laborales, tareas dentro del hogar, consideraciones negativas por sus deseos sexuales, visiones pretensiosas en cuanto a cómo debe ser el cuerpo y su salud, etcétera.  La intención está en demostrar que las mujeres pueden cumplir con las mismas obligaciones que los hombres, que las libertades no deben estar de un solo lado del camino y que la subordinación de ella bajo la lupa de él es claramente contraproducente para una mujer como para el resto del grupo familiar.

No todo lo que ocurre y lo que vemos, ocurre porque sí. Cabe preguntarse por qué pasa lo que pasa y entender que una sociedad es un sistema, donde todo se da en conjunto. No se escapa de nosotras/nosotros repudiar y luchar un problema que es, claramente, social por lo tanto un problema de todos.

 

El lugar donde fue encontrado en Bajada Grande el cuerpo descuartizado de Jésica Do Santo.

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Valeria Padró

Especial ABZ

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