Martes, 14 Marzo 2017 13:24

El talento puesto al servicio de la educación inclusiva

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“El trabajo se lleva adelante por todas las personas que están, no detrás de mí, sino a mi lado”, afirman Loskin. “El trabajo se lleva adelante por todas las personas que están, no detrás de mí, sino a mi lado”, afirman Loskin.

Es la directora de la Escuela Municipal de Danza, institución que, a partir de su gestión, cobró un notable impulso. Es poco frecuente que hable de su prestigioso curriculum. En esta nota cuenta cómo fue su vida junto a la danza, disciplina a la que se dedica desde los tres años de edad.

 

A una chuequera se debe su temprana iniciación en la danza. “El pediatra se lo recomendó a mi mamá porque la danza, al trabajar la rotación, me iba a ayudar mucho. Me inscribió en el estudio de Patricia Herbel de Bessa a la edad de 3 años y al principio era un juego”, recuerda Alexia Loskin.

 

Su formación, desde sus inicios, estuvo vinculada a lo artístico, a disciplinas tales como talleres literarios, de artes visuales,  además de inglés. “Los profesores que a mí me marcaron en esa época fueron María Elena Lothringer, Yolanda Javega, Guillermo Hennekens, Daniel Rochi. Eran gente de la cultura con una cabeza maravillosa que en los 80 miraban para delante y empujaban –rememora-. El taller se llamaba Nuestro Lugar. Siempre lo recuerdo con mucho amor porque fue una infancia nutrida de arte. Un arte en conjunto”. 

 

LOS COMIENZOS. A través de un anuncio en el diario, su madre se enteró de que había un concurso en Buenos Aires y allí partió con 12 años. “En esa época era totalmente diferente a la posibilidad que tienen hoy los chicos, está todo más conectado y difundido. Me quedaba maravillada viendo, me sirvió para cambiar mi cabeza porque cuando volvimos a Paraná estaba segura de que quería seguir con la danza”.

De vuelta en Paraná empezó a estudiar en el Instituto Superior de Danza que dirigían Cecilia y Rita Risso. “Seguí con ellas y gané en un curso de perfeccionamiento en enero del 92 una beca para ir a Rusia, a Moscú. Vinieron unos profesores rusos del Moscow Festival Ballet. Serguei y Elena Radchenko. Era la primera vez que ganaba un premio, una beca de estudio. Mis padres tenían que pagar el alojamiento. Pero a esa beca no la pude concretar porque sucedió la caída del muro de Berlín. Fue todo el cambio político y social de la Unión Soviética y se complicó todo”, cuenta.

“Me sirvió para saber que sí podía -asegura-. En ese momento que alguien del interior lograra algo era toda una noticia. Las experiencias de cada uno no hay que descontextualizarlas de la situación social y política de los lugares. Hoy en día es más fácil conseguir becas”.

Comenta que, charla familiar mediante, a los 15 o 16 años se fue a vivir a Buenos Aires. “Viví en la casa de unos tíos. Terminé allá mi colegio secundario como alumna libre y seguí haciendo clases y entrenándome con los mejores maestros de allá en el Colón, como Alejandro Totto, Lidia Segni, Silvia Bazilis, gente que me marcó”.

 

FUERA DEL PAÍS. Se sumó a los Cuballet que eran los cursos de la Escuela Cubana de Ballet en Argentina. Héctor Figueredo Abrantes y Zoraida Rodríguez abrieron en Buenos Aires la Escuela Interamericana de la danza. “Me metí de lleno con ellos, con la técnica cubana, hacíamos muchísimas funciones. Tenían una compañía independiente de danza clásica que era toda una novedad para los 90. Bailaban allí bailarines del Colón”.

“En el año 95 me fui a Boston a hacer un curso de verano, dos meses, con gente grossísima. Tomé clases y me entrené en Nueva York. Volví y me fui a Cuba con mi maestro durante un año al Centro Pro-Danza que dirige Laura Alonso, la hija de Alicia Alonso”, relata.

Reconoce que lo importante más allá de la técnica es la parte artística, saber y encarnar el personaje que se está representando. “Eso me dio Cuba. La experiencia de bailar en todos lados. Antes de irme a Cuba Héctor había formado en Buenos Aires el Ballet Concierto con el que también bailábamos en todos lados, también participaban bailarines del Colón”.

Entre los valores que rescata de su experiencia en cuba, entre los años 97 y 99, resalta: la educación, la cultura, la escucha, el saber plantearse los objetivos para llevarlos adelante, hacer todo con nada y saber donde uno está parado. “Cuba fue para mí, mágico, un país maravilloso que amo y amaré”.

Luego de haber estado en Cuba, al volver, ingresa en la Universidad Nacional del Arte (UNA) que ahora es IUNA (Instituto Universitario Nacional del Arte), allí se recibió en la Licenciatura en Composición Coreográfica en Danza y el Profesorado en Danza Clásica y Contemporánea que son dos carreras diferentes. “Me gradué con 10 en la licenciatura y en el profesorado recibí el premio del Consejo Argentino de la Danza por haber obtenido el mejor promedio”. También militó y fue consejera estudiantil, elegida por sus compañeros, durante cinco años. “La danza para mí fue un modo de vida pero nunca lo desvinculé de lo social y lo político”, asegura.

 

DE VUELTA EN LA COMARCA. Daniel Rochi la convocó en el 2007 para asumir la Dirección de la Escuela Municipal de Danza. “Acepté con muchísimo miedo, nunca había sido directora. En esa época, estaba en la mitad de la carrera de Ciencia Política en la UBA”.

Asume que a esos miedos se sumaba el hecho de volver a insertarse en la sociedad paranaense después de 12 años. “En diciembre hará 10 años que estoy acá y siempre son nuevos desafíos, nuevos rumbos. Siempre lo tomo con alegría más allá de los avatares –agrega-. Realmente de lo que me siento orgullosa es que todo lo que logré lo logré siempre con trabajo, con estudio y con esfuerzo en el sentido de que nunca tuve que resignar mis valores para conseguir nada. Siempre fueron frutos de ser honesto, de trabajar con ímpetu y saber el objetivo”.

La realidad de la escuela cuando asumió era muy compleja, faltaban muchas cosas y se trabajaba sin curricula.

“Lo que la sacó adelante fue el maravilloso grupo humano. Uno puede venir con ideas, objetivos y toda la teoría encima pero si no tenés las personas que te ayuden, te respalden y que te digan vamos para adelante, las cosas no funcionan”, afirma.

Agradece a los maestros, los administrativos y los padres por el apoyo y también a las diferentes gestiones que, con sus matices, considera que siempre la han apoyado.

“El objetivo era sacar la escuela a la sociedad, que se volviera más masiva de lo que era, que cumpliera un rol social, más allá de lo educativo artístico y de inclusión. Donde los chicos, jóvenes y adultos que se sintieran atraídos por la danza se sintieran parte de la escuela, la adoptaran como propia y sacar egresados con objetivos en la danza, que son los logros cumplidos”, enumera.

Entre los logros cuenta también las numerosas funciones, actuaciones con la Orquesta Sinfónica e Entre Ríos, con bailarines del Teatro Colón, el trabajo con profesores de nivel nacional e internacional a hacer cursos. “La escuela no da abasto lo cual es maravilloso“El objetivo era sacar la escuela a la sociedad, que se volviera más masiva de lo que era. En este momento tenemos más de 420 alumnos y no hay deserción después de las vacaciones”, destaca.

Pondera la labor de la nueva cooperadora, conformada hace seis meses con la cual se han encarado muchos trabajos de refacción de aulas. Está integrada por docentes, padres y administrativos de la escuela.

Y quien haya asistido a alguna función de la escuela puede dar testimonio de ello. Gente de todos los barrios de Paraná y de los alrededores, que en muchos casos pisa por primea vez el Teatro, la escuela apoya a quienes tienen dificultades económicas y arriba del escenario, todos brillan, son solventes y tienen una experiencia inolvidable a través del arte.

“A mí me enorgullece ver cómo un espacio como la danza clásica, que históricamente fue para una elite, desde Julio Bocca, que fue el primero que sacó la danza clásica a la 9 de Julio, masiva, gratis para todo el mundo, de alguna forma también lo pudimos hacer”, concluye.

Embajadores

 Estos años de crecimiento de la institución pueden medirse en la cantidad de egresados, en cuántos de ellos han seguido junto a la danza en Paraná, en el país y en el mundo. Dos  egresadas del Teatro San Martín, Florencia Fernández y Lara Rodríguez. Priscila Peralta se recibió en el IUNA, Rosario Villagra está cursando las últimas materias en el IUNA. Y hay tres alumnas más que entraron a la UNA.

Keila Braidot está en Filadelfia y José Rojas que está en Nueva York. Abril Martínez ganó la beca de la provincia para tomar clases en Buenos Aires durante un año.

“Queremos demostrarles a los chicos que del arte también se vive. Cuesta un poco más, estas sociedades no están preparadas para los trabajos artísticos, pero se puede. Si uno estudia, si uno se capacita y se esfuerza”, alienta.

“Tener esa conciencia colectiva de trabajo y de educación popular es lo que ha llevado a que la escuela tenga éxito”, argumenta la directora.

“El objetivo era sacar la escuela a la sociedad, que se volviera más masiva de lo que era”, explica.

“En este momento tenemos más de 420 alumnos y no hay deserción después de las vacaciones”, refiere.

 

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Graciela Dobantón

Especial ABZ

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